Bajas médicas, TPV con cifras que no cuadran y acusaciones personales marcan el calvario vivido por Raúl Barrio, portavoz del grupo de damnificados por la ONCE

“Me llevaron al límite”: la denuncia del portavoz de los Damnificados de la ONCE que pone contra las cuerdas a la organización

AZARplus

A Raúl Barrio le bastaron unos meses para pasar de la ilusión al desengaño más absoluto. El portavoz del grupo de damnificados por la ONCE, con más de 500 afectados que han interpuesto una demanda colectiva contra la organización, nos relata en exclusiva el infierno personal que vivió en la ONCE, y que dibuja un panorama muy distinto al de la institución ejemplar que se proyecta hacia el exterior. Bajas médicas, liquidaciones imposibles y un desgaste personal que, según sus propias palabras, “me ha llevado al límite”.

Raúl comenzó a trabajar en marzo de 2024, coincidiendo con el Día del Padre. Reconoce que había oído comentarios negativos, pero decidió no darles crédito. “Había oído hablar mal de la ONCE, pero tampoco me lo quise creer, como ninguno de mis compañeros, al ser una empresa tan fuerte y tan sonada, que tanto presume de ayudar a la integración social de la gente con discapacidad”, explica. Los primeros meses reforzaron esa confianza: ventas elevadas, comisiones que parecían cuadrar y una carga de trabajo que asumía sin problemas gracias a su experiencia previa como autónomo en hostelería. “He llevado negocios durante casi 25 años, he gestionado cuentas y atención al público; de números poco me podían enseñar”, subraya.

Su recorrido incluía tres barrios completos y 28 bares, además de refuerzos en fiestas locales, mercadillos y eventos multitudinarios. “En agosto y septiembre, con las fiestas de la ciudad, me ponían incluso en la plaza de toros, de cuatro y media a nueve de la noche, aparte de mi horario habitual de ocho de la mañana a diez de la noche. Yo creía que ese esfuerzo estaba compensado”, relata. Los resultados parecían avalarlo: “Raro era el mes que no llegara a porcentaje muy alto en ventas”.

El punto de inflexión llega a finales de octubre, tras una caída durante la jornada laboral. Raúl tiene una rodilla operada seis veces y una prótesis. El golpe le obliga a acudir a la mutua, de donde salió en silla de ruedas. “Después de tres horas allí, me llevaron a casa y tuve que coger la baja porque no podía andar”, cuenta. A partir de ahí comienza un laberinto administrativo que define como kafkiano. La mutua se niega a darle la baja por no considerarlo accidente laboral; el médico de cabecera, a su vez, se resiste porque la gestión corresponde a la mutua. “Entre la médica y la mutua se enfrentaron por correos electrónicos mientras yo me quedaba en tierra de nadie”, explica. Finalmente, señala que es la médica de cabecera quien emite la baja.

Durante ese periodo ocurre algo que, según Raúl, lo cambia todo. “Yo estaba en casa sin poder andar, y la TPV reflejaba como si estuviera vendiendo. Cada vez que hacía una liquidación, me salía una cantidad a pagar”, denuncia. Empieza a revisar números y detecta que “no coincidía nada: ni con lo que había vendido ni con lo que querían que liquidase”. Ante la falta de ingresos y el aumento inexplicable de deuda, decide reincorporarse aun sin estar recuperado. “Me cogí el alta sin poder casi ni andar, porque ese mes casi no cobré y de repente me apareció una deuda muy fuerte”, afirma.

Diciembre se convierte en su particular calvario. Sorteos especiales, liquidaciones semanales “que se salían de madre” y una nómina que describe sin rodeos: “No cobro la extra, a finales de diciembre me pagan una miseria de nómina y encima tengo que liquidar cuatro mil, seis mil, tres mil euros cada semana”. Raúl comienza a llevar un control manual exhaustivo: ventas, premios pagados, cobros con tarjeta. “Se lo enseñé todo a la directora y a la coordinadora. Mis cuentas no coincidían con las de la TPV”, insiste. La respuesta que recibe es siempre la misma: tranquilidad, promesas de devolución, fallos informáticos, cambios internos. “Desde septiembre me decían que había problemas, que habían cambiado la informática, que incluso habían cambiado de CEO, pero que todo ese dinero me lo devolverían”, recuerda.

La devolución nunca llega. Al contrario, la situación empeora hasta obligarle a pedir microcréditos para poder seguir trabajando. “Empecé a endeudarme para pagar a la ONCE y no perder el puesto”, explica. De forma repentina, la empresa le impone unas vacaciones “porque me veían muy estresado”. Durante ese periodo recibe una infiltración médica que agrava su estado. “Después de la infiltración ya no podía ni subir escaleras, tenía la rodilla hinchada y unos dolores brutales. Me tuve que volver a coger la baja”, relata.

Enero y febrero pasan sin ingresos. La TPV, sin embargo, sigue generando supuestas ventas y nuevas deudas. “Yo no generaba dinero y la deuda seguía creciendo”, explica. Cuando vuelve a pedir explicaciones, la respuesta que recibe marca un antes y un después. “La directora me dijo que yo debía ese dinero, que o me lo había gastado, o lo había perdido, o me lo había jugado. Incluso llegó a decirme que era mi familia la que me robaba, cuando era mi familia la que estaba poniendo dinero para que yo pudiera seguir trabajando”, denuncia.

El impacto psicológico es devastador. “Llevaba un 2025 que, si no me he suicidado, ha sido de milagro, como les ha pasado a varios compañeros por el mismo problema”, afirma sin rodeos. Revisa entonces nóminas, tiques y justificantes de pago. La conclusión es clara para él: “No coincidía ningún número. Toda esa deuda me la estaba generando la ONCE sin saber por qué”.

Buscando respuestas, Raúl entra en grupos de trabajadores y descubre que su caso no es único. “Vi que no era solo mío, que había gente por toda España en la misma situación o incluso peor, con más deuda, amenazas y acoso”, explica. Ese descubrimiento lo lleva a dar un paso más y organizar una respuesta colectiva. Así nace el grupo Damnificados de la ONCE, con el objetivo de impulsar una denuncia conjunta. “La ONCE tiene el tiempo y el dinero, y nosotros no. Cuando se nos acaba el contrato, nos quedamos con una mano delante y otra detrás”, resume.

Raúl denuncia además un clima de miedo entre los trabajadores en activo. “A muchos les amenazan diciendo que, como somos discapacitados, no vamos a encontrar trabajo en ningún otro sitio, que nos ponen un expediente negro para que no podamos trabajar en ninguna de las más de 200 empresas que dicen controlar”, afirma. Pese a ello, insiste en que no piensa rendirse. “Mi única misión ahora es que la denuncia colectiva salga adelante y demostrar que no somos ni mentirosos ni paranoicos. Solo queremos lo nuestro y que el mundo se entere de cómo actúa esta empresa que tanto presume de ayudas y de beneficiar a sus trabajadores, cuando todo es mentira”.

El mensaje final de Raúl es un llamamiento directo a quienes atraviesan situaciones similares. “Tenemos que tener paciencia, apoyarnos y no dejar que nos hundan más en la miseria. A cualquiera que le esté pasando lo mismo, le animo a que se una y no tenga miedo”, concluye. Su testimonio, crudo y detallado, cuestiona de raíz el discurso oficial de una organización que, según él, “juega con la salud, la dignidad y la vida de sus propios trabajadores”.

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6 Comentarios

  1. Me parece muy triste que se utilicen las miserias o los perjuicios de los Afectados Once para buscar fama y utilizando medios de comunicación digitales que no contrastan la información.

    Parece ser que no existe tal denuncia y el documento de recogida de firmas no tiene validez jurídica, dejad de aprovecharos de las víctimas.

    SINVERGUENZAS!!!!

    • Estas muy equivocado miguel…. Yo ni voy x fama ni nada como tu k vas de embustero…. A mi como a muchas personas nos han arruinado la vida y nos han destrozado las familias… Y vamos a ir con todo para buscar soluciones y dar voz a nuestro caso, cosas que vosotros no estáis haciendo en ningún momento solo sabes hablar y encima contradecirnos y un maldecirnos

  2. Miguel Ángel Olmos Dotes tuve en diciembre 2024 empezaste a salir con nosotros en Radio nostratv de YouTube haciéndote la víctima y que estabas viviendo en la misma situación que nosotros empezasteis hacer grupos por whatsapp y por facebook para captar gente como nosotros y resulta que seguís en ello pero solo os habéis hablar y contradecir más a la gente y no ayudarla en nada al contrario las estáis perjudicando más…… Porque no hablas de los suicidios que la ONCE está haciendo a cuenta de las consecuencias de las deudas que la ONCE está fabricando….. Y qué hacéis vosotros para ayudar hablar hablar hablar y no llegar a ningún resultado…. Así que un saludo amigo por decirte algo y sigue con tu vida

  3. Miguel Ángel Olmos Dotes eso me lo podías haber dicho en diciembre del 2024 cuando tú y otra persona os pedí ayuda el único que sabíais hacer era palabra y nunca dar soluciones y en lo que seguís haciendo lo único que sabéis es hacer daño y haceros perfiles falsos en redes sociales para estar todavía fastidiando más a la gente y haciendolas más lío que al final haciendolas creer como la ONCE sus propias mentiras…. Ya llevo más de año y medio con esto tengo de 400 folios en pruebas o sea no me puedes venir tú a dar mis clases ni tú ni la ONCE porque lo que me digáis por un oído me entre por otro me sale no me afecta en nada por mucho que me metéis gente infiltrada en los grupos pero yo sé hasta dónde tengo mi grupo y sé hasta dónde va a llegar todas estas consecuencias o por las buenas o por las malas así que un saludo amigo hipocrita

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