La mujer ya se ha sumado a los más de 500 denunciantes que se preparan para enfrentarse a la ONCE en los tribunales
Nuevas voces se alzan contra la ONCE: una jubilada denuncia irregularidades y desprotección
Las denuncias contra la ONCE continúan engrosándose y, lejos de diluirse, adquieren un cariz cada vez más grave conforme se suman nuevos testimonios a la ya de por sí larga lista de damnificados que se han animado a sumarse a la denuncia conjunta contra la organización.
En esta ocasión, una nueva afiliada ya jubilada ha decidido romper su silencio y poner negro sobre blanco lo que describe como años de “engaños, mentiras y abandono” por parte de la organización a la que entregó su vida laboral.
La denunciante, que prefiere mantener el anonimato, relata al grupo de denunciantes que su vinculación con la ONCE estuvo determinada desde el inicio por su ceguera. “Mi discapacidad fue el factor determinante para que me contrataran en un trabajo protegido”, explica, subrayando que, desde el primer momento, la organización asumió el control casi absoluto de su vida laboral y administrativa. Según su testimonio, el seguimiento médico se realizaba a través del médico de la empresa, en coordinación con la Seguridad Social, con un mensaje claro: ella debía centrarse exclusivamente en vender. “Me dijeron que no perdiera tiempo en consultas médicas, que mi ocupación era vender cuanto más mejor, y que de los trámites laborales, papeleos y jubilación ya se ocuparían los profesionales de la ONCE”, recuerda.
Ese planteamiento, que entonces interpretó como una ventaja, es hoy uno de los ejes de su denuncia. “Me dediqué por completo a la venta, me creí sus mentiras profesionales”, afirma. Insiste en que nunca fue una carga para la entidad, sino todo lo contrario. “No he sido un parásito para la ONCE. El dinero que ingresaba cada semana en su cuenta superaba incluso el importe de mi nómina mensual”, asegura, reivindicando su aportación económica durante años de trabajo.
El conflicto estalla, según su versión, en el momento de la jubilación. La resolución que recibe es, a su juicio, errónea y perjudicial: una jubilación ordinaria en la que no se ha tenido en cuenta su discapacidad. “Mi jubilación es incorrecta”, sostiene, denunciando además una base reguladora “trucada en fechas” que, según explica, omite deliberadamente cinco años clave de su vida laboral anterior a su entrada en la ONCE. “Son cinco años de enorme interés para mi vida laboral en hostelería y para mi salud, porque ahí está mi enfermedad, la que causó mi discapacidad y mi ceguera”, recalca.
La denunciante apunta directamente a un vacío (o una ocultación) documental que la ha dejado indefensa. “La Seguridad Social solo valora lo que consta en su administración, y en ella solo está lo que es de su interés”, lamenta. Asegura que la documentación que ella misma aportó no fue valorada y que, pese a que desde la ONCE se le insistió en que la Seguridad Social disponía de todos sus datos, la realidad fue muy distinta. “En la Seguridad Social dicen que esos datos no constan. La documentación que presenté no se ha tenido en cuenta”, denuncia, describiendo un laberinto administrativo en el que nadie asume responsabilidades.
El resultado, según explica, es una batalla larga y solitaria. “Llevo años luchando por una jubilación justa, pero yo sola no puedo”, confiesa. Su percepción es que la ONCE juega con ventaja. “Lo tiene todo comprado”, afirma sin rodeos, convencida de que el peso institucional de la organización dificulta cualquier reclamación individual.
Más allá de las cifras, su testimonio pone el acento en las consecuencias personales. “Me siento mal, engañada, depresiva e impotente”, relata, describiendo una situación económica asfixiante. “Tengo una pensión que no me llega a final de mes”, añade, poniendo voz a una realidad que, según los denunciantes, se repite en otros casos similares.
Lejos de limitarse a una queja personal, la afiliada jubilada lanza un llamamiento a la acción colectiva. “Compañeros, tenemos que estar todos unidos para mejorar nuestro bienestar y el de nuestros hijos”, escribe, convencida de que solo una respuesta conjunta puede equilibrar la balanza. “Una denuncia colectiva es lo mejor: buenos abogados y cada uno exponiendo su caso, pero juntos”, concluye.
Su testimonio se suma así al de otros trabajadores y extrabajadores que cuestionan abiertamente la gestión interna de la ONCE y la distancia entre su imagen pública y la experiencia real de muchos de sus afiliados. En este nuevo relato, la organización aparece no como un refugio protector para personas con discapacidad, sino como una estructura que, según la denunciante, “te pide que confíes y luego te deja sola cuando más lo necesitas”. Una acusación dura que vuelve a situar a la ONCE en el centro de una polémica que sigue creciendo con cada nueva voz que decide hablar.











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Mafia no lo siguiente gracias Raúl