El club de rugby de Igorre admite haber vendido participaciones de más y deja sin cobrar a cerca de cien personas
Un nuevo escándalo de la Lotería de Navidad salpica otra vez al sistema de participaciones de SELAE
Parecía difícil de lograr, pero el escándalo de Villamanín ya no parece una excepción aislada. Apenas unos meses después de que aquel caos evidenciara las enormes grietas del sistema de participaciones de SELAE, un nuevo caso vuelve a colocar el foco sobre un modelo que sigue funcionando con controles mínimos pese a mover millones de euros. Esta vez el epicentro está en Igorre, Vizcaya, donde el club Arratiako Zekorrak Rugby Taldea ha reconocido haber vendido participaciones de más del tercer premio de la Lotería de Navidad, dejando sin cobrar a cerca de un centenar de personas y abriendo un conflicto judicial de enormes dimensiones.
La propia directiva del club ha admitido públicamente el error. Según explicó su presidente, el desfase no se detectó durante la venta ni en el momento de validar las participaciones, sino cuando el dinero del premio ya se había agotado y seguían apareciendo agraciados reclamando el cobro. Para entonces, el agujero ya era imposible de ocultar.
El problema tiene cifras muy concretas. El club admite haber vendido 1.425 participaciones del número 90.693, premiado con el tercer premio del Sorteo de Navidad, cuando únicamente había consignadas 1.200. Es decir, 225 participaciones carecían de respaldo real. Cada una suponía un premio de 10.000 euros, lo que deja un desfase económico cercano a los 2,1 millones de euros que la entidad reconoce no poder asumir.
La situación ha provocado un terremoto entre los afectados. Al menos 80 personas ya han presentado denuncias ante la Ertzaintza por presunto fraude e impago, mientras se prepara además una plataforma conjunta de damnificados para coordinar acciones legales. La previsión es que el conflicto termine en los tribunales durante meses, o incluso años, en un escenario que recuerda demasiado al vivido recientemente en Villamanín.
Y precisamente ahí está el verdadero problema. Porque ambos casos comparten el mismo origen: la absoluta fragilidad del sistema de participaciones tolerado por SELAE desde hace décadas. Asociaciones, clubes deportivos, peñas y comisiones de fiestas continúan distribuyendo miles de papeletas bajo su propia supervisión, sin mecanismos efectivos de control en tiempo real y con una trazabilidad que, cuando surgen los problemas, demuestra ser claramente insuficiente.
La teoría siempre habla de tradición, financiación popular o venta solidaria. La práctica, sin embargo, vuelve a enseñar algo mucho menos amable: millones de euros gestionados con sistemas improvisados, controles manuales y errores que acaban pagando los compradores. En Villamanín fue el Gordo. En Igorre, el tercer premio.
Cerca de un centenar de personas siguen sin cobrar un premio que daban por seguro mientras la entidad busca una salida económica y jurídica que, a estas alturas, parece extremadamente complicada. La euforia del sorteo ha dejado paso a denuncias, reuniones de afectados y una sensación cada vez más extendida de desprotección.
Mientras tanto, SELAE continúa instalada en un silencio incómodo. Y quizá ahí reside lo más preocupante. Porque después de Villamanín cabía esperar algún movimiento, alguna revisión o al menos una reflexión pública sobre un sistema que permite vender participaciones de forma masiva sin garantías suficientes. Pero nada ha cambiado. Y el resultado vuelve a ser el mismo: premios millonarios convertidos en conflictos judiciales, asociaciones desbordadas y compradores atrapados en una lotería paralela donde la suerte depende demasiado de que nadie se equivoque contando papeletas.











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