El director general de Cejuego clausura el I Foro de la entidad con un llamamiento al nuevo Parlamento para que escuche a todos los actores del Sector y garantice una regulación alejada de los estigmas
Alejandro Landaluce: “No queremos que digan que somos un Sector normal, queremos que nos traten de forma normal”
Alejandro Landaluce, director general de Cejuego, aprovechó la clausura del I Foro de la entidad para defender una reforma de la legislación del Juego que parta de la realidad del Sector, garantice la igualdad de trato entre operadores públicos y privados y refuerce la lucha contra la oferta ilegal. Su intervención dejó también un mensaje dirigido a quienes reconocen al Juego como una actividad económica normal, pero después respaldan o aplican normativas que, a su juicio, no lo tratan como tal: “Por favor, no me llames normal: trátame normal“.
Landaluce subrayó que el encuentro respondía a una idea fundamental: mostrar que el Sector constituye un equipo amplio, en el que deben estar representadas las distintas voces que lo integran. “Somos un equipo. El Sector Juego es muy amplio y sin esta representación en las mesas debate no hubiera tenido sentido“, afirmó.
El director general de Cejuego valoró positivamente las dos mesas celebradas durante el foro y destacó la importancia de contrastar la percepción social del Juego con la realidad que reflejan los datos. A su entender, existe una imagen distorsionada de la actividad que no se corresponde necesariamente con lo que es el Sector. “Creo que el Sector del Juego tiene una imagen distorsionada. Alguien lo ha creado o se ha creado de forma natural, pero ese Sector no es lo que refleja nuestra Industria“, señaló.
Por ello, defendió la necesidad de poner cifras y argumentos sobre la mesa frente a los discursos que alimentan determinados prejuicios. “Era muy importante que se vieran datos, no relatos“, resumió al referirse al sentido de la primera mesa de debate.
En este contexto, Landaluce destacó las intervenciones de José Antonio Gómez Yáñez y Levi Pérez, centradas en las razones por las que juega la gente. Su conclusión fue clara: el entretenimiento y la decisión personal deben ocupar un lugar central en cualquier análisis de la actividad. “La gente juega principalmente porque le gusta“, afirmó. Y añadió: “La gente se divierte y hay una cosa muy importante: la gente juega porque es libre“.
Para el director general de Cejuego, reconocer la existencia de conductas problemáticas no puede llevar a definir toda una actividad a partir de ellas. “Hay algo que no podemos convertir, una conducta problemática y de una minoría, en la definición de una actividad“, advirtió. Una reflexión con la que reivindicó la necesidad de distinguir entre el Juego como opción de ocio para la mayoría de sus usuarios y los problemas que pueden afectar a una parte de ellos.
Landaluce vinculó esta cuestión con el principio de libertad individual y con las dificultades que, en ocasiones, surgen cuando se trata de aceptar las decisiones de los demás. A partir de ahí, cuestionó las consecuencias de una regulación excesiva, que puede terminar debilitando a la propia actividad. “El excesivo exceso de regulación al final debilita a un Sector“, sostuvo, en una defensa de un marco normativo que proteja a los usuarios sin convertir sus decisiones individuales en motivo para imponer restricciones indiscriminadas.
La segunda mesa del foro permitió abordar otro de los asuntos que Cejuego considera prioritarios: la reforma de la legislación del Juego. Landaluce explicó que la organización decidió celebrar el encuentro cuando se abrió el debate sobre una posible modificación normativa. Aunque ya anticipaban que el proceso no llegaría a completarse en el plazo disponible, consideraron importante comenzar a debatir qué características debería reunir una nueva ley.
El objetivo, según explicó, era reunir perspectivas diferentes y escuchar a los principales actores implicados. La mesa contó con la visión del regulador, la representación sindical, una asociación vinculada al Sector desde una perspectiva propia, la voz de la industria a través de Carlos y la participación de Francesc para abordar la experiencia de quienes sufren las consecuencias de los problemas relacionados con el Juego.
“Yo creo que debemos escuchar, escucharnos a todos, tener datos, información, desmitificar el Juego y después escuchar a los demás para hacer una buena regulación“, afirmó Landaluce. Esa combinación de información contrastada, diálogo y conocimiento de las distintas realidades constituye, a su juicio, la base para abordar una reforma con garantías.
El director general de Cejuego recordó que la Ley del Juego estatal vigente data de 2011 y que, desde entonces, se han producido cambios sustanciales en la actividad, en la sociedad y en la tecnología. “Desde el 2011 llevamos con la misma ley y, como se ha dicho aquí, el Sector ha cambiado mucho, los juegos ya no son los mismos, ha cambiado la sociedad, ha cambiado la tecnología. Es lógico que hagamos una reforma“, señaló.
Landaluce quiso dejar claro que su llamamiento no se dirige exclusivamente al futuro Gobierno, sino al Parlamento, al que atribuye la responsabilidad de impulsar una reforma con una participación amplia. Con la perspectiva de unas nuevas elecciones y la llegada de un nuevo Ejecutivo, insistió en que el debate debe trascender los cambios de Gobierno y contar con el conjunto de la sociedad.
“Lo único que pedimos al nuevo Parlamento —no al nuevo Gobierno, al nuevo Parlamento— es que escuche, que haga esto, que lo haga en grande, que llame a todo el mundo, que escuche a todo el mundo, a nosotros y a los que piensan contrario a nosotros, no hay ningún problema“, manifestó. El propósito debe ser alcanzar “unas normativas lo mejor posible“, añadió.
En cuanto al contenido de esa reforma, Landaluce identificó tres grandes prioridades. La primera es la igualdad de trato entre operadores, con independencia de que pertenezcan al ámbito público o privado. Para Cejuego, no resulta razonable que actividades que forman parte del mismo Sector estén sometidas a marcos normativos diferentes por la titularidad de quien las desarrolla.
“No tiene sentido que el Juego público y el Juego privado tengan diferentes normativas“, afirmó. En su opinión, ambos deben regirse por criterios similares y por una regulación sustentada en el conocimiento de la realidad, no en prejuicios. “Creo que tienen que ser similares, que deben regirse con conocimiento, no con el estigma“, subrayó.
El responsable de Cejuego también defendió que la reforma aproveche la experiencia acumulada por las normativas anteriores. En lugar de diseñar nuevas reglas sin atender a sus antecedentes, propuso analizar qué medidas han funcionado y cuáles no han alcanzado sus objetivos. En este punto, destacó una de las aportaciones realizadas por Carlos durante el foro: “Coger información que valore las antiguas leyes que han salido, cómo han tenido éxito o no éxito, y seguro que con eso se tiene un buen éxito“.
La segunda prioridad es la persecución del Juego ilegal. Landaluce quiso otorgar especial relevancia a esta cuestión y explicó por qué prefiere hablar de Juego “clandestino“: considera que la palabra transmite con claridad la falta de transparencia y garantías asociada a esta oferta. Aunque reconoció que en el entorno digital resulta más difícil identificarla visualmente, advirtió de que las páginas ilegales pueden presentar una apariencia prácticamente idéntica a la de los operadores autorizados.
“El Juego clandestino, el Juego ilegal, es el enemigo. Es el enemigo de todos nosotros, de la sociedad“, afirmó. Su preocupación no se limita, sin embargo, a la oferta de Juego que opera al margen de la normativa, sino que se extiende a cualquier actividad ilegal que escape al control de las autoridades.
La diferencia fundamental, explicó, reside en la capacidad de supervisión y protección. “Porque no tiene el apoyo de la Administración, la Administración no lo puede controlar, el cliente y la sociedad no tienen protección“, señaló. Por eso reclamó que la nueva legislación incorpore una respuesta inequívoca frente a estas prácticas: “Hay que perseguirlo y erradicarlo“.
Frente a la oferta clandestina, Landaluce defendió la protección de los operadores que desarrollan su actividad dentro del marco legal. “La actividad del Juego legal tiene que estar protegida. Porque cumplimos las normas, somos los que cumplimos las normas“, afirmó. Y reivindicó la relación entre la industria regulada y las administraciones públicas: “Somos precisamente los compañeros de viaje de la Administración. Porque somos parte de la sociedad reconocida“.
La tercera prioridad pasa por dotar a la legislación de mayor claridad en aquellos aspectos que actualmente pueden dar lugar a interpretaciones. Landaluce cuestionó que determinadas cuestiones deban terminar resolviéndose en los tribunales y pidió que el propio texto legal delimite de manera más precisa qué corresponde a cada ámbito competencial.
“Creo que no tienen que ser los tribunales los que definan qué se puede hacer o no con la ley, tiene que estar más clara“, sostuvo. Concretamente, se refirió a la distribución de competencias entre el Juego estatal y el autonómico, una materia que, a su entender, debería quedar claramente definida para evitar incertidumbres interpretativas.
La intervención concluyó con una reflexión que sintetizó buena parte del mensaje trasladado durante el foro. Landaluce recordó que, en sus encuentros con representantes del Sector, reguladores, políticos y periodistas, ha escuchado en ocasiones que el Juego es un Sector normal. Sin embargo, considera que ese reconocimiento pierde valor cuando las normas que se le aplican no responden a un tratamiento equivalente al de otras actividades económicas.
Para explicarlo, recurrió a un ejemplo cotidiano: el de un restaurante en el que el camarero pretendiera decidir qué puede consumir un cliente porque considera que toma poca proteína, cuestionara su elección de champán o le reprochara gastar 200 euros. Una comparación con la que quiso ilustrar hasta qué punto resultaría extraño trasladar a otros ámbitos determinadas formas de intervención sobre las decisiones individuales que afectan al Juego.
“Por favor, no me llames normal: trátame normal“, insistió. Y volvió sobre la misma idea para cerrar su reflexión: ” No queremos que digan que somos un Sector normal, queremos que nos traten de forma normal”.
Con este mensaje, el director general de Cejuego puso el broche al primer foro de la organización defendiendo una reforma legislativa que escuche a todos, trate de forma equitativa a los operadores públicos y privados, combata con firmeza la ilegalidad y se construya a partir de datos y de una comprensión real de la actividad. Una reivindicación que sitúa el debate regulatorio no solo en la necesidad de actualizar una ley con quince años de recorrido, sino también en la exigencia de que el Juego legal reciba un tratamiento coherente con su condición de actividad reconocida y regulada.












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