La ONCE refuerza su relato moral frente a una Industria privada que sí cuenta con férreos controles de acceso y una fuerte restricción regulatoria

Patricio Cárceles desprecia al Sector privado mientras reivindica la “superioridad” de la ONCE

AZARplus

La ONCE ha vuelto a exhibir sin complejos su ya habitual doble discurso durante la presentación institucional de su nuevo producto Dupla. Y lo hizo, además, despreciando al Juego privado con unas declaraciones que no pasaron desapercibidas. El director general adjunto de Juego de la organización, Patricio Cárceles, declaró durante la presentación: “Nosotros no somos ni póker, ni bingo, ni máquinas tragaperras, ni apuestas deportivas. Nosotros somos una lotería pública, social, segura y responsable”. La frase resume perfectamente la visión que la ONCE sigue proyectando del Sector privado: una actividad de la que conviene desmarcarse públicamente presentándose como algo distinto, superior incluso. De hecho, el director continuó declarando, sin pudor alguno que “eso es lo que nos diferencia de los demás, la protección máxima a través de la seguridad al consumidor y, luego, el exquisito cuidado y la máxima diligencia con los colectivos más vulnerables y con los menores para que no puedan acceder a los juegos, ni a los nuestros ni a ninguno”.

Unas afirmaciones que sin duda chirrían cuando se contrasta con la realidad cotidiana. Mientras salones, bingos y casinos privados deben cumplir férreos controles de acceso, restricciones publicitarias, verificaciones documentales y limitaciones regulatorias crecientes, la ONCE mantiene un modelo comercial prácticamente omnipresente en la vía pública. Sus productos se venden en calles, hospitales, estaciones, cafeterías, parques o centros comerciales. Todo ello acompañado, además, de campañas constantes en televisión, radio, prensa y plataformas digitales. Y como ya se ha visto en no pocas ocasiones, con un control totalmente nulo a la hora de verificar a menores o autoprohibidos.

Pero según Cárceles, son “los demás” quienes representan el problema. La ONCE, en cambio, asegura ofrecer “protección máxima” y un “exquisito cuidado” hacia menores y colectivos vulnerables…

El mensaje parecía apoyarse también en la idea de la “superioridad moral” derivada de su finalidad social. Porque el problema no es que la ONCE tenga una labor social, algo indiscutible. El problema es utilizar esa labor social como coartada permanente para desacreditar al resto de operadores y situarse por encima de cualquier cuestionamiento público o regulatorio. Especialmente cuando hablamos de una entidad que compite agresivamente en el mercado del Juego, amplía productos, multiplica sorteos y mantiene una maquinaria comercial gigantesca distribuida por toda España.

Especialmente llamativa resultó también la deriva emocional que tomó el acto con las intervenciones de varias vendedoras, convertidas casi en figuras inspiracionales más que en agentes comerciales. Uno de sus “centinelas de la ilusión” llegó a afirmar que “ya no se trata de vender, sino de compartir un rato con nuestros clientes”… Ver para creer.

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