Parar la sangría
Un amable lector de mi último Editorial, que se identifica como “Operador Harto” ha escrito un comentario que no puedo dejar de resaltar:
“Desde que se fueron o dejaron de ejercer los Joaquín, Jesús o Manel empezó el declive del Sector Patrio.
Y aunque queden titanes como José o Fidel recuperar lo perdido es imposible, pero sí se puede parar la sangría”
Estoy completamente de acuerdo con él, pero el interesante comentario puede completarse con algunas consideraciones e, incluso, conclusiones…
Efectivamente, los tiempos han cambiado y el Sector Patrio está siendo víctima de un declive cuyo proceso no ha concluido. Echar la culpa a los nuevos actores supremacistas que mangonean el Sector es fácil, pero interiorizar y asumir la autocrítica ya es más complicado… Sin embargo, es necesario hacerlo, para no tropezarnos una y otra vez en las mismas piedras, para intentar lo que nuestro comentarista llama PARAR LA SANGRÍA…
El terreno conquistado por las Asociaciones de ludópatas, las alturas de influencia alcanzada por el Juego Público y Semipúblico, el desdén con el que nos tratan todos los Partidos Políticos, la desinformación generalizada de la Prensa con respecto al Juego Privado y la losa de nuestra depauperada imagen en la Opinión Pública, son demasiados cabos sueltos que siguen estrangulando al Sector, causando entre otras cosas una desmoralización progresiva en el seno de la actividad. Un panorama que nos afecta a todos y que principalmente sufren las pequeñas y medianas Empresas…
Las otras, las grandes firmas nacionales e internacionales, siempre pueden caer en la tentación razonable de justificarlo a través del Ebitda…“ande yo caliente…” Pero así NO se hace Sector o ¿es que hay intereses internos en deshacerlo? Porque parece evidente que cuantas más empresas desaparezcan a más parte del pastel tocarán las demás… En fin, que el tiempo corre en nuestra contra y los loables intentos de suavizar el declive no parecen llevarnos a unos resultados satisfactorios. Quiero decir que puede estar llegando la hora de romper “las viejas tablas” como decía Nietzsche… Más pronto que tarde, habrá que ponerse manos a la obra…






hay gente muy válida en el sector pero siempre hemos fracasado en los problemas que usted cita.Personalmente pienso que principalmente han sido culpables las asociaciones por la falta de unidad.Y es una pena porque los ludópatas,los partidos,la prensa y la opinión pública deberían ser temas preferentes que abordaramos juntos.Si no reaccionamos el declive es imparable.
No se puede parar la sangría cuando permites que te metan el dedo en la herida una y otra vez.¿De qué nos sirven las asociaciones que dicen representarnos?
Ante todo darle las gracias por darle tanta importancia a mí comentario.
Estoy de acuerdo con usted en su diagnóstico y se que muchos empresarios del Sector también pero a los operadores no nos gusta dar la cara en la opinión pública y caso en el propio sector por lo que se lo dejamos a las Asociaciones, sabiendo que la mayoría de ellas dependen de las grandes empresas.
Yo también estoy desolado porque he visto varias opiniones sobre los nuevos proyectos de juego en varias comunidades y me he quedado perplejo al saber que están de acuerdo con.las restricciones a la creación de nuevos salones, máquinas B o bingos e incluso con el tema de las distancias.
Osea que lo que están quieren seguir repartiéndose el pastel ellos solitos, cada me os por cierto.
VIVA LA LIBERTAD DE EMPRESA
Cada día que pasa estoy más convencido de que unas pocas empresas grandes quieren acabar comercialmente con todas las demás.Es una vergüenza todo lo que estamos viviendo por las estrategias extranjeras y los colaboradores españoles.
Durante años, el sector del juego en España ha perfeccionado una técnica que creíamos infalible, pero que ha resultado ser nuestra soga: la táctica del avestruz. Mientras el ruido mediático crecía y la clase política encontraba en nuestra actividad un “pim-pam-pum” electoralista tan barato como efectivo, nosotros decidimos que lo mejor era esconder la cabeza. Meterla bien hondo en el agujero y esperar a que pasara el temporal, convencidos de que, si no hacíamos ruido, nadie vendría a quitarnos el pastel.
Hoy, con el pastel ya recortado, hiperregulado y bajo un estigma social asfixiante, nos lamentamos. Miramos a nuestro alrededor buscando culpables, cuando la realidad es que siempre vamos mal y tarde.
Hemos desperdiciado un tiempo precioso. Llevamos años a la defensiva, reaccionando tarde a los ataques en lugar de liderar el relato. Pudimos haber trabajado en pedagogía, en transparencia y en una comunicación valiente que explicara nuestra aportación real a la sociedad y al empleo. Pudimos haber afrontado las críticas con datos y con la frente marchita, pero preferimos el silencio, pensando que la discreción era nuestra mejor defensa. Gran error: en el vacío de información que dejamos, nuestros detractores construyeron su verdad.
Ahora que las restricciones aprietan y la imagen pública está bajo mínimos, nos entran las prisas. Pero el trabajo que no se hizo en décadas no se recupera en un semestre. La sensación de “llegar tarde, muy tarde” es generalizada.
Ya no vale solo con lamentarse en los pasillos de los congresos o en las ferias del sector. Si de verdad queremos salvar lo que queda, hay que sacar la cabeza del agujero de una vez por todas. La industria necesita dejar de pedir perdón por existir y empezar a exigir el respeto que merece, pero con los deberes hechos. Porque si algo nos ha enseñado este tiempo de avestruces es que, por mucho que escondas la cabeza, el resto del cuerpo sigue expuesto. Y vaya si nos han golpeado.