La concesión de la Gran Cruz reabre la discusión sobre dónde termina la labor social y dónde empieza la exposición constante al consumo
Miguel Carballeda, condecorado con la Gran Cruz del Dos de Mayo: el arte de premiar lo que ya viene premiado por sistema
La Comunidad de Madrid ha decidido conceder la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo a Miguel Carballeda, presidente de la ONCE, en reconocimiento a su “labor social” y a un modelo de inclusión que, sobre el papel, resulta impecable. Otra cosa es la calle.
Porque mientras en la Real Casa de Correos se celebran los “valores de la inclusión” y el “compromiso social”, en la calle los “centinelas de la ilusión” de Carballeda parecen formar parte del mobiliario urbano permanente, con sus Rascas, cupones y demás productos “sociales” al alcance de cualquiera que pase por allí. Literalmente cualquiera.
Publicidad desmedida disfrazada de “causa social”, Rascas que parecen ser vendidos en las puertas de los colegios sin pudor alguno, un control de acceso inexistente y un monopolio total… Esas parecen ser las claves del éxito de la ONCE, cuyo presidente recibe una medalla que este año sabe a poco para los demás condecorados.











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