El chef de Casino La Toja repasa su trayectoria y explica una cocina que busca equilibrar tradición, producto y propuestas actuales

Luckia descubre el lado más personal de la cocina de Casino La Toja

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En un restaurante, buena parte de lo que ocurre entre fogones no se ve desde la mesa. Preparaciones, horas de trabajo, producto y muchas decisiones que terminan llegando al plato. Luckia ha querido poner el foco precisamente en esa parte menos visible de su oferta gastronómica a través de Mark Wernink, chef de Casino La Toja.

Wernink entiende la cocina desde un equilibrio bastante sencillo de explicar, aunque no siempre sea fácil de conseguir: sabores tradicionales junto a propuestas más actuales, en un entorno elegante pero sin perder la cercanía. Una fórmula pensada para una clientela diversa, con gustos y edades diferentes.

En su día a día, el producto de temporada tiene un papel importante. Para el chef, trabajar con cada ingrediente cuando está en su mejor momento es una de las mejores formas de empezar un buen plato. A partir de ahí, toca probar, cambiar y ajustar. Porque, como reconoce, buena parte de la cocina también consiste en ensayo y error hasta encontrar la combinación que funciona.

La relación de Wernink con los fogones viene de lejos. Con apenas 16 años hizo una temporada junto a su padre en el Gran Hotel de La Toja, antes de pasar por Paradores de Turismo y formarse en la Escuela Técnica Superior de Hostelería de León. Una trayectoria construida, sobre todo, trabajando y aprendiendo en cada cocina.

Y si hay que salir de la cocina gallega para buscar inspiración, Wernink lo tiene claro: apuesta por la gastronomía indonesia por su variedad de sabores y combinaciones. En lo personal, sin embargo, hay un plato que no admite discusión: el frikadellen holandés, una receta familiar que demuestra que la gastronomía también tiene mucho que ver con los recuerdos.

Entre picante, pimienta, macis, pescado para trabajar y carne para disfrutar, el chef de Casino La Toja deja así una idea bastante clara: detrás de una carta hay técnica y producto, pero también historia, gustos personales y muchas horas de cocina.

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FRANCO

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