Las administraciones consideran que el Estado ha convertido la Lotería Nacional en “la gallina de los huevos de oro”, mientras ellos apenas llegan a fin de mes

Los loteros vuelven a advertir: “El 90% de las administraciones lo está pasando fatal”

AZARplus

Mientras SELAE afina el bombo y engrasa la maquinaria del Sorteo de Navidad, también a golpe de talonario con su multimillonaria campaña de publicidad, al otro lado del mostrador el discurso es bastante menos festivo. Los loteros vuelven a alzar la voz durante estas fechas para recordar que el negocio que todos creen boyante es, en realidad, un ejercicio de resistencia diaria. Según denuncian los propios loteros, es una actividad cada vez más asfixiada por unas condiciones económicas que consideran injustas y señalan directamente a SELAE como principal razón de esta precariedad.

El ejemplo más gráfico lo aporta Joaquín Monroy en el portal del ABC. El propietario de la administración madrileña “La Chulapa de Moncloa” subraya que el margen real es mínimo: “Por cada décimo de la Lotería de Navidad nos llevamos 90 céntimos”.

Del total recaudado, el 70% se destina a premios y el 30% restante se reparte entre gastos de gestión y beneficios del Estado. De ese 30%, solo un 4,5% corresponde a la comisión de los loteros, un porcentaje que, además, lleva más de dos décadas congelado. “Es ridículo si se compara con el esfuerzo que supone la campaña de Navidad”, señala el lotero.

El propietario de la administración madrileña “La Fortuna”, Fernando, va más allá, y afirma que, durante la campaña de Navidad, las jornadas se alargan hasta las doce horas diarias para poder compensar unos ingresos que no crecen al ritmo de los costes ni mucho menos. “Como hay que vender más para sobrevivir, trabajamos mucho más. Aquí se malcome”, resume el lotero en declaraciones a El Español.

La crítica hacia SELAE es directa. Los loteros consideran que el Estado ha convertido la Lotería Nacional en “la gallina de los huevos de oro”, mientras mantiene a su red comercial con márgenes a todas luces insuficientes. “El beneficio es muy pequeño comparado con lo que se queda el Estado”, señala Monroy, quien explica además que arrastra múltiples préstamos y que estuvo a punto de abandonar la actividad en los peores momentos durante la pandemia.

A esta situación se suma el incremento generalizado de los costes. Alquileres, suministros, salarios, seguros sociales y mantenimiento de equipos… Un gran número de gastos fijos que se disparan año tras año para las administraciones que, recuerdan, funcionan como cualquier otro negocio. “Ser administrador supone una inversión muy grande”, advierte Fernando, que pone ejemplos concretos de reparaciones y servicios técnicos con facturas que se han duplicado en pocos años. “Todo ha subido, menos nuestras comisiones”.

Ni siquiera la posible subida del precio del décimo sirve de consuelo. Aunque algunos la consideran lógica tras años sin cambios, el temor es evidente. “No quiero que el Estado tape la subida para no subirnos nuestras comisiones”, alerta Monroy, que vuelve a cargar contra la falta de apoyo institucional. “Como autónomo no me siento arropado”, remacha, antes de lanzar una recomendación demoledora a quien esté pensando en seguir sus pasos: “No entrar en esto; hay negocios mucho mejores”.

El diagnóstico final es demoledor y coincide en ambos testimonios: la mayoría de las administraciones sobreviven con dificultad. “El 90% lo está pasando fatal”, sentencia Fernando. Una frase que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el modelo de SELAE y el reparto de beneficios, justo cuando el sistema alcanza su pico de recaudación anual y se aplaude ante las masivas ventas que han alcanzado este año… Como el anterior, y el anterior…

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