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LO QUE QUERAIS QUE SEA, por Carlos Hernández

Carlos Hernández

La invitación para participar, junto a Serafín Portas, en la inauguración del II Congreso de AGEO fue recibida con especial satisfacción ya que, casi terminada la legislatura, nos ofrecía, a mí y a la Dirección General de Ordenación del Juego, una oportunidad para compartir públicamente con el sector nuestra opinión sobre su futuro. Y dicha opinión, con la humildad que exige la especial posición que nos corresponde, se resume en la frase que da título al presente artículo.

gradezco a Juan Manuel Ortega y a AZARplus que me ofrezcan ahora esta tribuna, no para reproducir o resumir el discurso realizado en Santiago de Compostela, sino precisamente para incidir en esa idea fundamental.

Que el sector del juego en general, y el español en particular, están viviendo una época de grandes cambios es indiscutible. Cambios que, en algunos casos, se iniciaron hace bastante tiempo y, en otros, se han consolidado e incluso producido estos últimos años. Cambios que estamos en condiciones de traducir en grandes y concretas oportunidades.

El sector será lo que el mismo quiera ser porque, hoy más que nunca, tiene a su alcance los medios e instrumentos necesarios para avanzar hacia lo que legítima y públicamente se reclama desde sus asociaciones: una mayor libertad para configurar la oferta y adaptarla a los potenciales consumidores y una mayor convergencia regulatoria que mitigue la multiplicidad de cargas administrativas que perjudican su competitividad.

El desarrollo de las nuevas tecnologías, además de propiciar una socialización de la actividad, está permitiendo avanzar, como ya se ha hecho para el canal online, hacia modelos regulatorios en los que, en lugar de primar la restricción de la oferta y la constricción de la demanda, se pone en valor una mejor y mayor información del consumidor a cambio de una mayor y más proporcionada libertad empresarial. Dicha libertad, a su vez, está trasformando el mismo concepto del juego, está difuminando los clásicos elementos de precio, azar y premio y, en definitiva, está cambiando los patrones de ocio y entretenimiento de los ciudadanos.

Esta tendencia se ha incorporado y consolidado en nuestro ordenamiento jurídico a través de la Ley del Juego en la que, además, se prevén importantes instrumentos para avanzar en una convergencia de canales sin necesidad de sacrificar la libertad del operador ni la protección del ciudadano que los nuevos modelos comportan. Asimismo, se suman al entramado administrativo de nuestro sector un nuevo regulador, esta vez especializado y de ámbito nacional, y, más importante aún, un órgano de coordinación y cooperación, el Consejo de Políticas del Juego, que desde la novedosa Ley de Garantía de Unidad de Mercado se ha constituido en comisión sectorial encargada de la racionalización y armonización, en lo que sea procedente, de nuestras distintas normativas.

Nuevas oportunidades, nuevos instrumentos y una situación social y económica hoy más propicia que hace cuatro años permiten afirmar que nuestro sector del juego, debidamente unido y consciente de su buen futuro, ayudando a las Administraciones en el cumplimiento de sus obligaciones y exigiéndoles coherencia en su actuación, está en disposición de propiciar la transformación que se merece y a la que tanto ha apelado.

Reservas y prevenciones son lógicas y comprensibles ante esta transformación. Es obligado y necesario que la industria y las Administraciones trabajemos conjuntamente para superarlas porque, para evitar que los cambios que se avecinan nos arrollen, es conveniente que seamos nosotros sus impulsores.

Como se puso de manifiesto en la última mesa redonda del reciente Congreso de Castilla y León, y particularmente en las intervenciones posteriores, no son pocos los que ya están empujando decididamente hacia delante. Hay motivos para el optimismo.


Carlos Hernández Rivera

Director General de Ordenación del Juego

Madrid, a 2 de diciembre de 2015.

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