Las plataformas sin licencia y su creciente presencia quedan eclipsadas por el habitual discurso contra el Juego privado

La prensa generalista vuelve a confundir Juego legal e ilegal en el debate público

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Cada gran evento deportivo trae consigo el mismo ritual. Balón en juego, cifras mareantes sobre el volumen de las apuestas y, cómo no, una nueva oleada de reportajes que convierten al Juego en el villano oficial del verano. El último ejemplo llega de la mano de eldiario.es, que mezcla en una misma coctelera historias de ludopatía, operadores ilegales y marketing deportivo para volver a proyectar la idea de que todo lo que huela a apuestas es poco menos que una amenaza social.

El diario pone el foco en los 52.000 millones de euros que, según las estimaciones de H2 Gambling Capital, moverá el Mundial de fútbol en apuestas deportivas. Pero lo más importante es lo es que una nada modesta parte de ese dinero se canalizará a través de operadores ilegales, un fenómeno que el propio artículo reconoce y que, paradójicamente, acaba siendo el dato más relevante de toda la información.

Porque mientras el relato vuelve a construirse alrededor de las tragedias personales de quienes han desarrollado una adicción al Juego, se pasa casi de puntillas sobre un problema mucho más tangible: la creciente presencia de plataformas sin licencia que operan en España al margen de cualquier control regulatorio.

El propio reportaje cita los casos de Kalshi y Polymarket, plataformas bloqueadas recientemente por las autoridades españolas y que, sin embargo, siguen encontrando fórmulas para permanecer accesibles. Pero en lugar de preguntarse por qué estas empresas continúan captando usuarios pese a las actuaciones regulatorias, el discurso vuelve a girar hacia el mismo destino de siempre: demonizar las apuestas en general, las ilegales, y las legales…

El diario se apoya, cómo no, en el indiscutible “adalid de la decencia”, el auténtico “Centurión de la Ilusión”, Alberto Garzón, quien señala que figuras como Iker Casillas o Sergio ‘Kun’ Agüero promocionan Stake.com, una empresa que carece de licencia para operar en España. Y ahí sí hay una cuestión de enorme importancia. El Juego ilegal utiliza rostros conocidos, se aprovecha del tirón de las redes sociales y actúa fuera de los mecanismos de protección que sí se exigen al mercado regulado. El problema es precisamente ese: la ilegalidad.

Sin embargo, el mensaje que acaba trasladándose al lector es otro muy distinto. Se vuelve a difuminar la frontera entre quienes operan bajo una de las regulaciones más exigentes de Europa y quienes lo hacen desde jurisdicciones opacas, sin límites, sin controles y, en muchos casos, sin posibilidad real de ejecutar las sanciones que se les imponen.

En paralelo, el diario utiliza la historia de Davide, un ludópata en recuperación, y los testimonios del psicólogo José Antonio Tamayo, quien curiosamente señala que “No se trata solo de que haya más partidos, sino de que el contexto entero se vuelve más estimulante. Hay una sensación general de que todo el mundo está apostando”… Esa historia nos suena mucho. Sobre todo, en los últimos días del año, sobre el 23 de diciembre… Curioso cuanto menos. Y ese acontecimiento no pasa una vez cada cuatro años, desgraciadamente.

La prensa generalista continua utilizando estas historias para construir un relato en el que el Juego, en bloque, aparece como un enemigo público, mientras el verdadero elefante en la habitación, el mercado ilegal, sigue creciendo y encontrando nuevos espacios para captar jugadores.

Porque, al final, la paradoja es que cuanto más se estrecha el margen de actuación del operador regulado, más terreno se deja libre a quienes no tienen licencia, no pagan sanciones, no aplican medidas de protección y ni siquiera juegan con las mismas reglas. Y de eso, curiosamente, se habla bastante menos.

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