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Difundimos el Artículo publicado por el periódico ARA.Cat del que se hace eco en su página web la Sección Sindical de la Delegación Territorial de la ONCE en Madrid

La Cara Oscura de la ONCE

AZARplus
  • Los vendedores, un 90% con incapacidades, están sometidos a una fuerte presión comercial para alcanzar los objetivos y poder ser renovados

“Si no consigues el mínimo de ventas, no se te renovará el contrato”. Este es el ultimátum que han recibido decenas de veces en los últimos años el Marco, Pedro, Jose, Marta y así hasta una decena de vendedores de cupones de la ONCE, según pudo corroborar la ARA. Son nombres ficticios para que algunos de ellos continúan trabajando en la empresa y tienen miedo de quedarse sin trabajo. Después de hacer un curso de tres días, todos fueron contratados entre los años 2015 y 2.017 como vendedores junior (así denomina la ONCE los empleados con contrato temporal). Las condiciones eran un sueldo base de unos 700 euros al mes más comisiones (desde enero es de 900 euros brutos por la subida del salario mínimo interprofesional). Es un 30% menos de lo que cobraban en ese momento los trabajadores indefinidos (los denominados sénior), que tenían una nómina base de unos 1.000 euros.

El contrato se renovaba de año en año y al tercer debía convertirse en indefinido si cumplían las ventas exigidas. El convenio, sin embargo, no fija qué cantidad mínima se debe alcanzar para ser indefinido. En el artículo 48, referido a las comisiones, se establece que “el mínimo de venta exigible” diario cada vendedor es de 210 euros en cupones u otros juegos (1.050 euros a la semana).

La empresa dice que desconoce el documento sin sello de la ONCE que reciben los vendedores y que fija el mínimo para renovar.

El problema radica en una segunda hoja que se entrega a los trabajadores cuando firman el contrato junto con el resto de la documentación oficial. Este documento, que no tiene el sello de la empresa, sí fija unas cifras que determinarán si son renovados o se van al paro. El documento, al que ha tenido acceso el ARA, dice que un vendedor, para ser renovado el primer año, debe alcanzar unas ventas de 1.150 euros a la semana. El segundo año la caja debe aumentar hasta los 1.275 euros semanales, y el último año, antes de conseguir el contrato indefinido, debe subir hasta los 1.500 euros a la semana.

Esta situación, sin embargo, sufre un nuevo endurecimiento justo en el último trimestre del último año antes de que la empresa decida si el trabajador pasa a ser fijo o se queda sin trabajo. Según explican los afectados, cuando se llega a este punto la ONCE pasa a exigir un nuevo incremento de ventas. El encargado de dar la nueva cifra es el gestor comercial, la persona que se encarga de hacer un seguimiento del trabajo de los vendedores. En algunos casos el incremento pasa de los 1.500 a los 2.000 euros a la semana y, en otros, de los 1.500 a los 1.800 euros. “Siempre había cumplido los objetivos que me pedían, pero conseguir estas cifras era imposible”, explica uno de ellos. Sin decirlo nunca explícitamente, los gestores comerciales los insinúan que para lograrlo lo hagan más horas, trabajen los días que tienen fiesta o que intenten que los bares que tienen en su zona de trabajo vendan parte de sus números. “Para llegar a este nuevo mínimo de ventas pasé a trabajar 12 horas al día, a vender cupones el fin de semana y en implicar a los amigos y la familia para que me ayudaran”, detalla un afectado.

El esfuerzo sirvió de poco para que, en todos los casos, el día que se les acababa el contrato los llamaron para que fueran a las oficinas de Sepúlveda para comunicarles que no les hacían indefinidos porque “no habían cumplido con los objetivos “. A algunos incluso los animaban a volver a presentar el currículum al cabo de un tiempo para volver a trabajar en la empresa.

El subdelegado territorial de la ONCE en Cataluña, Ángel Ávila, asegura a este diario que desconoce la existencia del documento en el que se fijan los mínimos de ventas para pasar a ser indefinido. “En todo caso, seguro que son cifras orientativas de las ventas que alcanzan los trabajadores a nivel estatal”, dice. Además, Ávila afirma que la continuidad de un trabajador no sólo depende del nivel de ventas que alcance: “Se hace un seguimiento mensual de cada empleado y se mira si ha habido alguna incidencia”, detalla.

La ONCE afirma que la renovación de los vendedores no sólo depende del nivel de ventas que alcanzan

La empresa especifica que el 81% de los trabajadores que llegaron al tercer año de contrato en 2018 en Cataluña se convirtieron en fijos y que el objetivo para este año es llegar al 90%. Además, añade que en los últimos cuatro años se han hecho 520 contratos indefinidos con una plantilla que está formada por más de 2.700 trabajadores, de los cuales un 83% son fijos. “La ONCE, por su carácter social, es el único operador de juegos del mundo que garantiza a los vendedores un salario base”, añade la compañía.

No todos los empleados, sin embargo, consiguen llegar al tercer año. Manolo (también nombre ficticio), que tiene una falta de movilidad del 60%, aguantó un año. Durante los primeros tres meses estuvo en cuatro puntos de venta diferentes en la demarcación de Barcelona. “Me iban cambiando cada dos por tres de lugar. En algunos no era bien recibido y la gente de los edificios del lado me echaban “, explica. Finalmente, y después de pedirlo de manera insistente, le dieron un punto fijo, justo a 50 metros de otro vendedor que estaba en uno de los quioscos desde trabajo años. “Me llamaban cada día para decirme que no estaba consiguiendo los objetivos, que no me renovarían el contrato, que no venía bastante rascas …”, recuerda. La insistencia de las llamadas hizo que un día sufre un ataque de ansiedad en su lugar de trabajo, donde pasaba más de 14 horas, y el médico le diera la baja. Cuando se le acabó el contrato, estando de baja, le comunicaron que no le renovaban y se quedó sin trabajo. “El hecho de padecer una discapacidad hace que tengas muchas más dificultades para encontrar un trabajo que alguien que no lo tiene. No puede ser que una fundación que presume de integrarnos al mundo laboral nos trate de esta manera inhumana. Esto no hay quien lo aguante “, lamenta.

Para trabajar como vendedor de la ONCE, explican los sindicatos, se debe tener un 33% de discapacidad reconocida por la Generalitat. La compañía es la que decide en “qué zona de influencia” vende cada empleado. Aunque las exigencias de facturación son iguales para todos en Cataluña, el hecho de “trabajar en el centro de una población o en las afueras hace que cambie mucho la cifra que puedes conseguir”, denuncian tanto sindicatos como trabajadores. Los afortunados, que tienen clientes fijos y están en lugares céntricos, pueden rondar los 3.000 euros, pero una parte importante se queda sólo con el sueldo base. De los 2.700 trabajadores que tiene en Cataluña, 1.600 están en quioscos; la mayoría son los que tienen contrato indefinido. El resto trabajan en la calle aguantando i las lluvias, las bajas temperaturas en invierno y también el calor en verano.

La falta de seguridad que implica trabajar en la vía pública los hace especialmente vulnerables a los robos, sobre todo si se tiene en cuenta que un 90% sufren algún tipo de discapacidad. En caso de sufrir un robo, el vendedor tiene que ir a presentar una denuncia a los Mossos y luego hacer una declaración jurada en las oficinas de la ONCE. Si se trata de un robo con violencia (que el empleado haya sido amenazado con un arma o golpeado) la aseguradora cubre la cantidad robada. Ahora bien, cuando son víctimas de un hurto, es el trabajador quien tiene que devolver la cantidad robada. Empresa y vendedor negocian cómo será este retorno, que se le restará de la nómina hasta que se seque la deuda. “Tenemos un seguro que cubre los robos, no los hurtos, para que los mismos Mossos nos alertaron de que en época de crisis comenzaban a tener denuncias falsas de los mismos trabajadores”, explica el subdelegado territorial de la ONCE.

Esta precariedad se da en una empresa que en 2018 cerró con una facturación de casi 228,5 millones de euros, un incremento del 2% respecto al 2017, y las ventas medias por vendedor crecieron un 11%, y hasta ahora este año el aumento es del 6%. A esta cifra hay que sumar que desde el 2011 la empresa, como el resto de compañías, está exenta de pagar la cuota de la Seguridad Social de los trabajadores que tienen alguna discapacidad: nueve de cada diez. Asimismo, denuncian los sindicatos, recibe subvenciones de gobierno autonómicos y ayuntamientos.

La ONCE está presidida por Miguel Carballeda, reelegido el mes de diciembre, y tiene la autonomía propia de funcionamiento de cualquier otra empresa. La responsabilidad de supervisar su actividad, sin embargo, recae en el gobierno central, ahora en el de Pedro Sánchez, y en concreto sobre seis ministerios.

El ‘contrato’ que decide la continuidad del vendedor

Aunque el convenio pactado con los sindicatos recoge que “la venta exigible por cada vendedor” es de 210 euros al día, 1.050 euros a la semana, los baremos que aplica la ONCE para determinar si un trabajador sigue o no son los que se pueden ver en la imagen. Esta hoja se les entregaba a los empleados, al menos entre 2015 y 2017, cuando firmaban el contrato. Actualmente el sueldo base de los que tienen contrato temporal (los que llaman junior) se ha incrementado en 900 euros por el aumento del salario mínimo interprofesional, mientras que los indefinidos están cobrando un salario base de 1.055 euros.

VER ARA.CAT (en catalán)

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