El sociólogo reflexiona en Agenda Pública sobre la dimisión del president valenciano y sus implicaciones políticas

José Antonio Gómez Yáñez analiza en profundidad el “caso Mazón” y los fallos estructurales del sistema político español

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El doctor en sociología José Antonio Gómez Yáñez ha publicado en Agenda Pública un extenso artículo en el que examina las implicaciones del denominado “caso Mazón”, una crisis que, según advierte, “evidencia fallos multiorgánicos en nuestros partidos, las administraciones y la formación de la opinión pública”. Para Gómez Yáñez, la dimisión de Carlos Mazón como president de la Generalitat Valenciana no solo marca un episodio político concreto, sino que abre un debate más profundo sobre la responsabilidad política, la desorganización administrativa y la degeneración de los mecanismos internos de los partidos.

Desde una perspectiva sociopolítica, Gómez Yáñez sitúa el origen de la crisis en la falta de reacción institucional ante una emergencia que dejó al descubierto un sistema incapaz de actuar con autonomía. “La acción es la piedra de toque en que se reconoce al verdadero político”, recuerda citando a Louis Barthou, para subrayar que la inacción de la consejera de Emergencias y la descoordinación general reflejaron una Administración ineficaz y jerarquizada en exceso, dependiente del líder y sin protocolos operativos sólidos. “Mazón también fue responsable de tener una administración desorganizada e inútil: las imágenes del CECOPI muestran un gran desorden”, apunta, en alusión al Centro de Coordinación Operativa Integrada, cuyas reuniones, según describe, fueron un ejemplo del caos burocrático.

Gómez Yáñez critica con dureza la personalización extrema del poder, que a su juicio impide que las estructuras funcionen si el dirigente máximo no está presente. Señala también a los llamados “responsables elípticos”: cargos que diseñan organismos ineficaces y multitudinarios “incapaces de poner orden en sus reuniones”, citando el ejemplo del comité de crisis del Gobierno, presidido por María Jesús Montero, que carecía de actas oficiales.

El artículo dedica un espacio relevante a las “víctimas morales” del caso, entre ellas el teniente general Gan Pampols, que según el sociólogo “creyó que podía poner orden” y acabó siendo utilizado. Gómez Yáñez considera que su testimonio sería de gran utilidad para comprender la relación entre las administraciones civiles y la interferencia política. También defiende a Maribel Vilaplana, periodista vinculada a Mazón por rumores que califica de “repulsivos y machismo de la peor especie”.

Otro de los puntos de su análisis se centra en el deterioro de los mecanismos de responsabilidad interna en los partidos políticos. A juicio de Gómez Yáñez, los grandes partidos españoles “han colapsado” y funcionan bajo un modelo de “partido lámpara”, donde todos los cargos “cuelgan de la escarpia del techo”, en referencia a una estructura piramidal en la que “nadie elige a nadie”. En este esquema, añade, el liderazgo se impone por cooptación y los órganos internos han quedado vaciados de contenido democrático. “En España estamos ante partidos bloqueados, incapaces de tomar las decisiones imprescindibles para la supervivencia de las propias formaciones políticas y sus cuadros”, sentencia.

El caso Mazón, sostiene el sociólogo, muestra hasta qué punto los dirigentes regionales actúan sometidos a las decisiones de las direcciones nacionales. En este sentido, subraya que “solo el presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, podría indicar a Mazón la puerta de salida”, y llega a insinuar que fue el propio Feijóo quien le impidió dimitir en un primer momento. Ese bloqueo, argumenta, es el reflejo de un “partido gripado”, incapaz de generar mecanismos de renovación interna y abocado a la decadencia.

En su reflexión final, Gómez Yáñez lamenta la falta de reacción política tras una tragedia que dejó 237 fallecidos y considera que “pretender seguir en política con 237 fallecidos encima de la mesa es una desvergüenza”. A su juicio, mantener a Mazón en el cargo o apoyar su continuidad “es un desatino” que incluso perjudica la imagen de Feijóo, a quien “no le convendría” prolongar un caso que recuerda, en sus palabras, “a los viejos vicios del sistema político español”.

En ese retrato, Gómez Yáñez deja entrever la idea de que la política valenciana y nacional se encuentra atrapada en un círculo vicioso de cesarismo, opacidad y dependencia personalista, síntomas, en definitiva, de un sistema político que necesita una profunda regeneración, en opinión del sociólogo.

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