Administraciones, medios y sociedad aplauden “la gesta” mientras menores participan activamente en la distribución de lotería
Increíble, pero cierto: cuatro menores fueron los encargados de vender participaciones del segundo premio de El Niño
Si alguien buscaba la prueba definitiva de que SELAE ya no conoce líneas rojas, el sorteo del Niño la ha servido en bandeja y con burbujas: Los menores ya no es que compren Lotería. Es que la venden… En O Porriño, varios menores de edad, estudiantes de instituto, han vendido participaciones del número agraciado para pagarse el viaje de fin de curso, con el aplauso de la administración, la complicidad de los adultos y el relato complaciente de buena parte de la prensa. El resultado: millones repartidos, cava descorchado y ni rastro de estupor ante una escena que, lejos de escandalizar, se ha celebrado como si fuera una entrañable postal navideña.
Los protagonistas, cuatro estudiantes de entre 15 y 16 años, se encargaron de vender participaciones del número 45.875 para financiar su viaje de fin de curso. Y lo hicieron con tal éxito que cerca de 200 de los 320 décimos despachados por la administración X de la Suerte acabaron convertidos en papeletas distribuidas por menores. Cada una, premiada con 13.600 euros. En total, unos 24 millones repartidos en la localidad y su entorno. A nadie pareció importarle demasiado el detalle de quién hacía caja.
Estudiantes vendiendo lotería “como se ha hecho toda la vida”, vecinos comprando papeletas “por ayudar”, padres organizando la iniciativa y una administración encantada de facilitar los décimos. El festejo tuvo incluso su liturgia. Uno de los menores apareció ante la administración acompañado de sus padres y una botella de cava. Contó que la idea de las participaciones surgió entre él y el lotero para costear un viaje de Semana Santa a Lanzarote al que irán 40 alumnos.
Esta es la enésima demostración de hasta qué punto el Juego público ha sido normalizado, dulcificado y protegido de la crítica. Cuando los menores reparten millones y la reacción colectiva es brindar, quizá el problema no sea la anécdota, sino el sistema que la convierte en algo digno de aplauso.











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