EL SÍNDROME DE AVESTRUZ

EXTRAORDINARIO COMENTARIO SOBRE LA ACTITUD DEL SECTOR EN EL ÚLTIMO EDITORIAL DE ORTEGA

AZARplus

Como pueden comprobar nuestros numerosos lectores, últimamente se están recogiendo numerosos e interesantes comentarios a los Editoriales de Ortega. En el último (Parar la Sangría) un lector nos ha enviado un bien elaborado mensaje, un verdadero artículo en toda regla, que merece la pena leer en toda su extensión. Reproducimos a continuación el extraordinario comentario:

El síndrome de Avestruz 

Durante años, el sector del juego en España ha perfeccionado una técnica que creíamos infalible, pero que ha resultado ser nuestra soga: la táctica del avestruz. Mientras el ruido mediático crecía y la clase política encontraba en nuestra actividad un “pim-pam-pum” electoralista tan barato como efectivo, nosotros decidimos que lo mejor era esconder la cabeza. Meterla bien hondo en el agujero y esperar a que pasara el temporal, convencidos de que, si no hacíamos ruido, nadie vendría a quitarnos el pastel.

Hoy, con el pastel ya recortado, hiperregulado y bajo un estigma social asfixiante, nos lamentamos. Miramos a nuestro alrededor buscando culpables, cuando la realidad es que siempre vamos mal y tarde.
Hemos desperdiciado un tiempo precioso. Llevamos años a la defensiva, reaccionando tarde a los ataques en lugar de liderar el relato. Pudimos haber trabajado en pedagogía, en transparencia y en una comunicación valiente que explicara nuestra aportación real a la sociedad y al empleo. Pudimos haber afrontado las críticas con datos y con la frente marchita, pero preferimos el silencio, pensando que la discreción era nuestra mejor defensa. Gran error: en el vacío de información que dejamos, nuestros detractores construyeron su verdad.
Ahora que las restricciones aprietan y la imagen pública está bajo mínimos, nos entran las prisas. Pero el trabajo que no se hizo en décadas no se recupera en un semestre. La sensación de “llegar tarde, muy tarde” es generalizada.
Ya no vale solo con lamentarse en los pasillos de los congresos o en las ferias del sector. Si de verdad queremos salvar lo que queda, hay que sacar la cabeza del agujero de una vez por todas. La industria necesita dejar de pedir perdón por existir y empezar a exigir el respeto que merece, pero con los deberes hechos. Porque si algo nos ha enseñado este tiempo de avestruces es que, por mucho que escondas la cabeza, el resto del cuerpo sigue expuesto. Y vaya si nos han golpeado.

VER EDITORIAL.- PARAR LA SANGRÍA

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