En categoría de Bien Inmaterial

El “tradicional” Juego de las Caras de Calzada de Calatrava, nuevo Bien de Interés Cultural de Castilla-La Mancha

AZARplus

El Gobierno de Castilla-La Mancha ha decidido que lanzar monedas al aire y apostar dinero en plena plaza pública rodeado de menores merece la máxima protección patrimonial amparándose en el concepto de “tradición”. Algo de lo que el Gobierno central sabe mucho…

El llamado Juego de las Caras de Calzada de Calatrava ha sido declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Bien Inmaterial, una distinción que, según el Ejecutivo autonómico, viene a reconocer su “valor histórico y social” y su singularidad como única fiesta profana que se celebra en la región durante la Cuaresma.

La portavoz del Gobierno regional, Esther Padilla, defendió la declaración subrayando que cada Viernes Santo “la tradición transforma la Plaza de España en un espacio de encuentro, de identidad compartida y memoria viva”. Una descripción poética para una práctica que consiste en apostar dinero cara o cruz tras la Procesión del Encuentro. La mecánica es conocida por todos: vecinos dibujan círculos en el suelo, se forma el corro y el llamado “punto” deposita la cantidad que desea jugar, igualada por la banca. Dos monedas antiguas, habitualmente piezas de diez céntimos de la época de Alfonso XII, vuelan por los aires y deciden quién gana. Cara gana la banca, cruz gana el jugador; si hay empate simbólico, se repite la tirada.

Una actividad que ha sido bendecida con el apoyo de la Administración, gracias a su condición de “tradición”, quedando automáticamente blindado frente a cualquier escrutinio crítico o regulatorio.

No es la primera vez que ocurre. Desde el propio Gobierno central se lleva años demostrando que hay juegos “buenos” y juegos “malos”. Los primeros son los de siempre, los de toda la vida, los que gestionan entidades con pedigrí institucional como SELAE o la ONCE, amparadas por el beneplácito político y social. Los segundos son los que, curiosamente, nunca gozan del calificativo de patrimonio cultural, por mucho arraigo popular que tengan. El caso de Calzada de Calatrava vuelve a dejar claro que, la tradición protege, y de qué manera…

Lo que no queda tan claro es si esa protección cultural implica también una reflexión honesta sobre el doble rasero con el que se mide el juego en España. Porque, visto lo visto, cuando el azar se llama “tradición”, deja de ser problema y pasa a ser patrimonio.

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