Libertad provisional para el presidente del club de Igorre mientras crecen las denuncias por el nuevo escándalo de la Lotería de Navidad
El escándalo de Igorre se agrava: la Ertzaintza investiga una presunta estafa cercana a los 3 millones
El escándalo de la lotería de Igorre ha dado un salto definitivo de la chapuza administrativa al terreno penal. La Ertzaintza ha detenido al presidente del Arratiako Zekorrak Rugby Taldea, la entidad que distribuyó participaciones del tercer premio de Navidad sin respaldo suficiente, dejando un agujero económico que ya roza los tres millones de euros y que afecta a más de un centenar de personas que siguen sin cobrar sus premios.
La investigación policial, abierta tras la acumulación de denuncias de afectados, apunta ahora a posibles delitos de estafa y administración desleal. Los agentes sospechan no solo de una gestión irregular del dinero procedente del premio, sino también de una posible dinámica de sobreventa de participaciones que podría haberse repetido durante años sin que nadie detectara nada. El presidente del club, de 53 años, fue arrestado después de no acudir a un requerimiento policial previo y posteriormente quedó en libertad provisional, sin fianza, aunque obligado a comparecer ante el juzgado cuando sea citado.
El club había repartido participaciones de 5 euros del número 90.693, agraciado con el tercer premio del sorteo navideño. Cada papeleta debía percibir 9.600 euros. El dinero fue cobrado por la entidad e ingresado en una cuenta bancaria desde la que comenzaron los pagos. Pero el sistema terminó saltando por los aires cuando los fondos se agotaron y seguían apareciendo beneficiarios pendientes de cobrar.
Inicialmente, la directiva reconoció haber vendido 225 participaciones de más. Sin embargo, el recuento realizado por la plataforma de afectados eleva ya esa cifra a, al menos, 286 papeletas sin cobertura real. La deuda estimada supera así los 2,7 millones de euros y continúa creciendo a medida que aparecen nuevos perjudicados. Las denuncias también se multiplican. Si hace apenas unos días rondaban el centenar, la Ertzaintza ya contabiliza más de 140.
Muchos de los afectados denuncian además semanas de silencio, llamadas sin respuesta y promesas incumplidas por parte del club. El ambiente de euforia que siguió al sorteo dio paso rápidamente a la incertidumbre y después a la sospecha. Lo que comenzó como retrasos puntuales acabó destapando un desfase millonario imposible de ocultar.
Y nuevamente, igual que ocurrió en Villamanín, el problema vuelve a señalar directamente al sistema de participaciones que SELAE sigue permitiendo sin apenas mecanismos efectivos de supervisión. Porque detrás de ambos casos aparece el mismo patrón: asociaciones y entidades repartiendo miles de papeletas, sin auditorías reales y con una trazabilidad que solo se comprueba cuando el dinero ya ha desaparecido.
En Igorre incluso se estudió replicar la solución aplicada en Villamanín, basada en una quita colectiva para repartir las pérdidas entre todos los premiados. Pero el escenario vasco presenta un problema añadido: parte de los agraciados ya cobró íntegramente su premio y el agujero económico es mucho mayor. La posibilidad de un acuerdo global parece cada vez más remota mientras la vía judicial gana peso.
Mientras SELAE continúa amparándose en la tradición de las participaciones y mirando hacia otro lado, los escándalos empiezan a acumularse demasiado rápido. Villamanín parecía un aviso. Igorre es sin duda una confirmación.











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