El doble rasero del Juego: lo que en la Lotería es “tradición”, en el privado sería “escándalo”

Comenta en televisión que gasta 1.000 euros en Lotería de Navidad y la gente sonríe: Así es la percepción social hacía el Juego público

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La escena podría haber pasado desapercibida como una anécdota más en un magazine vespertino, pero el comentario de Pilar Vidal, periodista y colaboradora del programa “Y ahora Sonsoles”, sobre lo que gasta cada año en la Lotería de Navidad dejó en evidencia, una vez más, el doble rasero con el que se juzga al Juego público y al privado en España.

En pleno directo, la periodista explicó entre risas que el pasado año destinó 1.000 euros a décimos y que “no me devolvieron ni un euro. No gané nada”. Lo dijo sin dramatismos, restándole importancia y como si fuera una “simpática” anécdota.

El momento surgió a raíz del testimonio de una invitada llamada Tamara, miembro de una familia que ganó 800.000 euros con El Gordo en 2010 y que, pese al golpe de fortuna, terminó años después en números rojos. Su relato pretendía recordar que la suerte es caprichosa y fugaz, pero sirvió también como trampolín para que Vidal desvelara que, durante todo 2024, volvió a superar los mil euros en décimos, movida, según explicó, “por la costumbre” y por su amplia red de amigos repartidos por España que cada Navidad le envían “sus números” de bares, asociaciones o tiendas locales. “Tampoco era tanto”, comentó, quitándole hierro. “Me mandan sus números, yo compro algunos online, intercambio otros… y al final se me va un pico. Pero oye, ¡la ilusión no se pierde!”.

La periodista se definió como “súper lotera”, una etiqueta que en televisión se pronuncia con simpatía y cierto aire de tradición entrañable. Incluso Sonsoles Ónega bromeó con que lo que gasta cada diciembre “es como un sueldo entero”. Lejos de mostrar reparo por el dinero invertido, insistió en que no piensa renunciar a una costumbre que considera parte de su identidad navideña, rituales incluidos. No era la primera vez que lo contaba: el año pasado llegó a reconocer que había comprado 40 décimos en una sola campaña y que incluso guarda monedas de cobre en una bolsita para atraer la suerte.

No salimos de nuestro asombro al pensar por qué una declaración de un gasto así en juego público se recibe con normalidad, con simpatía incluso, mientras que si hubiera dicho lo mismo sobre un gasto así en la Ruleta o en cualquier Juego privado, provocaría un rechazo inmediato. Si eso pasara, las redes sociales arderían y los titulares hablarían de irresponsabilidad y de conducta problemática. Sin embargo, cuando se trata de Lotería de Navidad, el relato se envuelve en tradición, emoción colectiva y un aura de inocencia que blanquea por completo la conducta.

Este tipo de episodios, emitidos ante millones de espectadores y sin contextualización alguna, refuerzan la percepción de que el Juego público está blindado frente al escrutinio social. Y lo más llamativo es que la normalización llega justamente desde quienes disponen de una enorme capacidad de influencia. Que una periodista cuente con naturalidad que pierde mil euros al año en décimos no es en sí el problema; el problema es que la televisión lo celebre como un gesto simpático en lugar de analizarlo con el mismo filtro crítico que aplicaría a cualquier otro tipo de Juego…

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