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SEGÚN LA LEY DEL JUEGO Y EL REGLAMENTO DE LA ORGANIZACIÓN DE CIEGOS, NADIE PUEDE COBRAR UN PREMIO SI ESTÁ INSCRITO EN EL REGISTRO DE PROHIBIDOS

CASO ESTELA: LA INCREÍBLE INJUSTICIA Y EL ABUSO INMORAL E INTOLERABLE DE LA ONCE, QUE SE NIEGA A PAGAR UN CUPONAZO Y PUEDE SALIR IMPUNE

AZARplus

En estos momentos en algún punto de nuestro país hay dos personas, un matrimonio de edad madura, que están viviendo unos momentos de tremenda decepción y amargura. Prefieren guardar el anonimato, pero su hija nos ha transmitido la profunda desilusión –quedémonos con la palabra “desilusión”- que ya se ha transformado en una auténtica indignación que ella comparte con sus padres, como también lo hacen otros familiares y amigos del matrimonio.

¿Qué ha pasado para desencadenar estos sentimientos? La respuesta comienza de un modo sorprendente: El pasado 22 de enero, viernes, el marido compró un cupón de la ONCE como solía hacer todos los días y… ¡¡ Le tocó el “cuponazo”!! Fue un estallido de ilusión al saberlo y al empezar a comunicárselo a todos sus allegados.

El protagonista de esta historia es transportista y cuando a la semana siguiente fue junto a su mujer a una sucursal bancaria (la Caixa) para ingresar el cupón, la casualidad hizo que recibiera un aviso urgente para realizar un trabajo. De modo que la esposa tuvo que quedarse sola para realizar las gestiones y trámites: Nombre, edad, DNI, domicilio, firme aquí, firme aquí, firme aquí… a ella todo le pareció normal mientras recibía un trato amable y felicitaciones por el premio y, firmó todo lo que le pusieron por delante, porque firmar sí sabía, pero no leyó ninguno de los documentos que se le presentaban porque es analfabeta. Tampoco nadie se los leyó ni se los explicó.

La ilusión, esa ilusión que protagoniza la publicidad de la ONCE, estaba servida al quedar perfectamente comprobado que el boleto en cuestión estaba agraciado con 25.000 euros. Pero muy pronto la alegría se iba a transformar en frustración y los ilusionados se iban a quedar solamente en ilusos: el único “premio” que le iba a corresponder a su poseedor y a su mujer fue que la ONCE se pusiera en contacto con ellos para comunicarles que no iba a pagar los 25.000 euros, que se los quedaba para sus fines sociales.

La ONCE no pagaba el premio de 25.000 euros a Doña ….. porque estaba inscrita en el RGIAJ, el Registro de autoprohibidos, y según la Ley y el propio Reglamento de la ONCE esas personas tienen prohibido jugar y por lo tanto tienen prohibido ganar.

Adelantemos que esto es cierto. La hija del matrimonio y el abogado de la familia que ha tomado el caso en sus manos lo reconocen: formalmente es así, la cobertura jurídica de la negativa de la ONCE a pagar un premio a una persona que figura en el Registro de autoprohibidos cuenta con un verdadero blindaje legal. Pero también puede aparecer como un monumento a la injusticia y una burla a personas de condición modesta que, como en este caso, se sienten manipulados y engañados por esa macroestructura, que si en la calle aparece como un quiosco cercano a la gente para cobrarles dos euros, después se convierte en un gigante burocrático para no pagarles 25.000.

El cupón fue comprado, de hecho fue jugado por el marido y sólo por una cuestión de minutos no lo cobró él mismo. Pero la formalización del cobro la realizó su mujer en un cuenta conjunta, ella firmó el papeleo sin acordarse en ese momento -porque hacía ya cuatro largos años- que en 2017 se había inscrito por voluntad propia en el Registro de Prohibidos. Y por supuesto ignoraba, como lo ignora la mayoría de la gente que puede estar afectada por una situación similar, que al autoprohibirse la entrada a un juego concreto, pongamos por caso el Bingo, se estaba vetando jugar a la ONCE o comprarse un décimo de la lotería de Navidad, y sobre todo y he aquí la hipocresía del sistema, se estaba prohibiendo cobrarlo si resultaba premiado con más de 2.500 euros.

Eso no era así antes, esta norma se impuso con la Ley del Juego de 2011 ya que hasta entonces la exclusión se hacía sobre un juego o establecimientos específicos, pero en la actualidad estamos en la confusa situación de que alguien se excluya de un juego privado, cuya competencia es autonómica, y se encuentre sin saberlo excluido de los juegos públicos, de competencia estatal.

Para empezar es algo escandaloso cuando el Gobierno y su Ministerio de Consumo así como la propia ONCE afirman que sus juegos no producen ludopatías, ni adicciones, ni causan juego problemático, pero se meten por la gatera de la ley para entrar en esos conceptos si le conviene al arca de sus loterías.

Pero lo que indigna a la familia y hace que sigan adelante en sus reclamaciones es la indefensión de los compradores inadvertidos de todas estas circunstancias. Tanto ellos como su abogado quieren denunciar que la ley que prohíbe la compra de cupones y su cobro si son premiados se cumple escrupulosamente en su segunda parte, ya que no se pagan, pero no se cumple ni siquiera mínimamente en la primera: “Sabemos que no se puede pasar a un Casino o una Sala de juego si estas en la lista de prohibidos o eres menor, ¿pero quién controla que un prohibido o un menor no compre cupones? Actuar así es deshonesto e impropio de quienes alardean de que protegen a las personas vulnerables”.

Como moralmente sienten que tienen derecho al premio ganado presentaron la correspondiente reclamación ante la ONCE, y la respuesta ha estado en una Resolución de Francisco José Martínez Palao, Director de Operaciones de Juego de la ONCE, quien la ha formulado en ejercicio de las competencias delegadas por el Director General de la Organización, ya que estamos ante otro blindaje normativo: Según el artículo 42 del Reglamento de regulación del Cupón, el Director General de la ONCE es competente para resolver reclamaciones y recursos, es decir es juez y parte en estos casos.

Naturalmente la Resolución deniega el pago del premio aduciendo la condición de autoprohibida en el juego de la persona que tramitó su cobro y declarando irrelevantes otras circunstancias, como que el boleto no fuera comprado por ella o que el premio se fuera a abonar en una cuenta bancaria compartida por el matrimonio. También se desconsidera en la Resolución que de forma inmediata la Señora… se diera de baja en el REGIAJ, puesto que la fecha de esta baja fue unos días posterior a la tramitación del cobro en el Banco.

¿Y ahora? “Ahora -dice Jordi, el abogado de la familia- estamos en una situación un poco macabra porque por vía administrativa lo que cabe es un recurso de alzada, sobre el que decide el propio Director General de la ONCE. De modo que podemos dar por seguro que todo se va a remitir a la cuestión del Registro de Autoprohibidos. Todo legal, pero todo oculto en realidad a las personas que se pueden encontrar en esta situación y por lo tanto muy injusto. Después, seguramente, iremos a los Tribunales”.

Es lo mismo que expresa la hija de los “ganadores” del premio: “En realidad estamos convencidos de que no le van a pagar a mi padre el cupón premiado que compró, pero queremos convertir todo esto en un aviso para la gente, un aviso de que la ONCE se lucra con la desprotección y el desconocimiento de sus clientes y puede embolsarse sin escrúpulos y sin control el dinero de menores y personas vulnerables, pero cuando además de vender tiene que pagar sí controla hasta la última coma de la ley”.

LEER EDITORIAL DE J.M. ORTEGA DE HOY.- LOS DESIGUALES PARA HOY

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