Los niños que extraen y cantan los premios del Sorteo de Navidad viven bajo presión y aplausos, y aun así se considera “entrañable”
Así normaliza la prensa generalista el uso de menores para la promoción de la Lotería
Desde octubre, 28 menores de entre 10 y 14 años ensayan dos o tres veces por semana para cantar números y premios millonarios del Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad en el Teatro Real. Una actividad convenientemente convertida en “tradición”, que hasta los medios generalistas dan bombo a modo de anécdota simpática.
Los propios protagonistas del sorteo han hablado sin tapujos con Europapress sobre lo que significa este sorteo para ellos. Ángel, de 12 años, participa por cuarta vez y anima a otros niños a sumarse porque “mola mucho”, porque “cantar es bonito” y porque es una “experiencia única”. Reconoce sin rodeos que le gusta cantar y que, “si hay algún premio, mejor”. De hecho, recuerda con especial felicidad el año en que cantó el Gordo. Lo cuenta como quien rememora un gol decisivo o una actuación memorable.
Aurora, de 10 años, también repite experiencia. Habla de “emoción”, “nervios” e incluso “felicidad” por estar haciendo “algo muy importante que no mucha gente puede hacer”. Una responsabilidad que se asume con consejos muy concretos: si se duda con un número, “respirar dos veces y volver a intentarlo”. Si se cae una bola, se recoge y se continúa. “Tampoco pasa nada”, dicen…
El reportaje de Europapress al respecto deja a muchos atónitos ante el tono amable y benévolo con el que ofrecen la noticia. Según destacan, los educadores cuidan que los niños no se queden afónicos, les recomiendan no gritar demasiado jugando al fútbol y les enseñan a mantener la postura correcta en el escenario. La preocupación no parece estar en el significado del acto, sino en que la coreografía salga limpia.
Los menores se presentan voluntarios, pasan un casting para ajustar la tonalidad de sus voces y, si no pueden cantar, extraen las bolas. Todo perfectamente organizado. Todo asumido como normal. Todo envuelto en una narrativa de ilusión infantil.
La escena se describe como entrañable, emotiva y casi pedagógica. Sin embargo, cuesta ignorar lo que realmente ocurre: El uso de menores para anunciar los premios millonarios de la Lotería de Navidad que, mientras lo visten de tradición, siguen normalizando y blanqueando el Juego público ante la indiferente mirada de millones de espectadores, más pendientes de comprobar sus décimos que de escandalizarse ante este hecho. Por supuesto, que medios generalistas como Europapress realice estos “entrañables” reportajes, tampoco ayudan a crear conciencia sobre esta más que dudosa actividad…











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